No es el poder. Es la señal de que el poder ya actuó
La palabra viene del verbo latino nuere, "asentir con la cabeza", y del sustantivo nutus, "el gesto de asentir, la orden, la voluntad expresada". Los gramáticos romanos, empezando por Varrón, explicaban numen exactamente así: el gesto de un dios cuyo simple asentimiento bastaba para que la realidad obedeciera.
Esa distinción es el corazón de la palabra: numen no es la fuerza. Es lo que esa fuerza produce cuando efectivamente actúa.
Ni siquiera es un dios
En latín, numen es gramaticalmente neutro, y los propios romanos lo distinguían con cuidado de deus (dios). Cicerón habla de una "mente divina" (divina mens) y de un "poder divino" (vis divina) que atraviesa la vida de las personas, pero el numen nunca fue la personificación de un dios: era el atributo, la voluntad expresada, el efecto visible.
"Deinde vos, Quirites, quorum potestas proxime ad deorum immortalium numen accedit..."
("Les ruego e imploro, ciudadanos, cuyo poder se acerca mucho al numen de los dioses inmortales.")Cicerón, Post Reditum ad Quirites
No era exclusivo de los dioses
Cicerón llegó a atribuir numen al Senado romano y al pueblo romano colectivamente, no solo a las divinidades. En otro pasaje, escribe que la virtud humana se acerca más al poder de los dioses precisamente cuando funda ciudades nuevas o preserva las que ya existen. El numen, entonces, no estaba reservado a lo sobrenatural: era lo que ocurría cuando una fuerza real, humana o divina, se manifestaba en algo concreto.
Por qué elegimos este nombre
Hay miles de personas con ideas. El talento creador existe en todas partes. Lo que distingue a NUMEN no es tener esa chispa (eso lo tiene cualquiera), sino producir la evidencia de que actuó: el prototipo que funciona, la máquina que corre 6 veces más rápido, la patente que se registra. Igual que hace dos mil años, numen nunca fue el poder abstracto. Fue, siempre, su expresión concreta.
¿Tienes la chispa? Nosotros hacemos que se note.
Inventemos.